El voluntariado: Un camino que se convierte en su destino

El voluntariado: Un camino que se convierte en su destino

Elaborado por: Marco Turbay

¿Qué es el voluntariado?, ¿cuál es su propósito?, ¿hay retorno de la inversión o simplemente es un acto filantrópico? Y si es lo segundo, ¿para qué se hace eso?

He descubierto diferentes posiciones y valoraciones de las respuestas más comunes en los procesos de acompañamiento que he orientado al respecto en empresas, fundaciones, organismos sociales formales y no formales, y universidades. Hay quienes lo hacen por un beneficio tributario, lo cual no denotaría un interés genuino, pero entre ellos, hay procesos organizados mientras otros lo único que organizan es la foto cuando se la quieren tomar, garantizando que los promotores salgan en el centro o cargando algún “infante desvalido”; otros que lo hacen porque denota un vínculo en el equipo de trabajadores y en sus clientes de tal forma que se constituyen lazos que favorecen el sentido de pertenencia de unos, y la rentabilidad que aportan los otros, logrando así su fidelización; también están los que su interés es crear una atmósfera de relación con el ambiente y la comunidad vecinal, sea por seguridad o garantía de permanencia, a fin de llevar la fiesta en paz como decimos. Entre estos, hay quienes deciden comenzar a emplear al sector local y aquí comienzan a pasar cosas bonitas: como es el caso de trabajadores que, por poder dignificar la vida de su familia, el destello que sale de sus ojos es tan fuerte como el del sol. 

Hay empresas que lo hacen como una manera de encubrirse detrás de su responsabilidad social empresarial frente a la reparación del ambiente causado por el producto que crean y, de alguna manera, crear un espectro de compensación que favorezca su imagen tanto para sus trabajadores, vecinos y clientes; y también he estado en escenarios que son creados desde el voluntariado por quienes han hecho consciencia de la vida y quieren agradecer la transitoriedad de este mundo dando oportunidades, creando lazos afectivos, fortaleciendo redes locales, porque la tienen clara: desean heredar a siguientes generaciones la solidaridad como herramienta de liberación. En estos lugares de reafirmación colectiva, la acción voluntaria es un acto revolucionario que frena toda forma que atente contra la vida misma, invitando a encuentros donde mutuamente se resignifique la coexistencia en esta pequeña gran aldea llamada mundo, como diría Arturo Escobar en uno de sus textos.

Entrar a la acción voluntaria por un interés específico o altruismo no evita que sucedan los encuentros. No tienen ni idea las veces que he presenciado cómo una acción voluntaria asociada a un beneficio directo se ha convertido en una labor voluntaria de compromiso sincero. El voluntariado es un encuentro abierto, libre, donde las suposiciones o expectativas del otro y las que llevo conmigo sobre mí mismo se evaporan en el calor del encuentro; es así como el voluntariado se viste de sorpresa y asombro, invitándonos a asumir la vida en movimiento y aceptar que cambiamos, así como las células de nuestro cuerpo lo hacen cada 7 o 10 años.

El voluntariado crea una magia especial. Personas desconocidas se pueden tener confianza con tan solo estar ahí, pero no se trata de ellas dos, sino de la esperanza que se crea en el encuentro por una causa que no es de ellas, sino de la disposición colectiva de hacer algo por quienes están debajo del lodo. Es así como la acción voluntaria se niega al determinismo, la exclusión y la indignidad en que vive el otro. La acción voluntaria permite que trabajadores, clientes y dueños de la empresa se den la oportunidad de reconocerse horizontalmente con otros distintos a ellos y regalarse mutuamente su propia historia. El voluntariado, si le das la oportunidad, conectándose con la experiencia, cambia tu mirada, tu percepción, sensibiliza tus valores, resta la fuerza de voluntad y multiplica tu voluntad y cuestiona tus juicios. Las prioridades cambian, se abren al colectivo, el espacio de compartir ese día, entre sánduches y otros víveres pasa de ser un plan divertido a ser un lugar seguro donde la experiencia de una paz interior se contagia con la sonrisa del otro como a su vez, vemos el dolor y el sufrimiento, lloramos, pero al rato encontramos caminos de esperanza activa que nos muestran que por algo estamos ahí.

Ser voluntario es romper patrones y sistemas de creencias absolutamente falsos sobre la humanidad, nosotros mismos, los vecinos, los migrantes, en fin, los otros.  Ser voluntario implica hacerse voluntario. Recuperar el sentido de la mirada colectiva, valorar la compañía en el camino, saber que haces algo por el otro con la excusa de servir, y sirviendo, acaba el otro haciendo algo por ti que nunca olvidarás. Es un mundo donde vas al encuentro con la vulnerabilidad, la necesidad y descubres las tuyas propias. No es que debamos hacer el bien, es que no hay otra manera de vivir para sabernos vivos.

En el voluntariado reconoces la diferencia auténtica entre empatía y compasión. La empatía está ligada al reconocimiento del dolor del otro, no como víctima, sino como doliente. Puede que haya habido alguna situación específica que lo haya ubicado en ese “no lugar”, referido a situaciones indignas por las cuáles nadie tiene que pasar, pero los voluntarios nos negamos a sentir lástima por alguien ya que sabemos lo capaz que es cada sujeto por salir de allí.  Y es allí donde surge la compasión, actitud propia de todo voluntario. No necesita sentir su dolor, ponerse en sus zapatos, porque comprende que a él le duele, no tiene que sentir su hambre, frío o vivir en la calle o ser racializado para asumir su lucha como propia y comprometerse con la persona o colectiva para que vuelvan a pasar por ello. Conoce las razones por las cuáles el otro está en ese “no lugar”, pero sabe que su encuentro está para ayudarle a llegar ni siquiera a tu lugar, si no al lugar en el que merece y desea estar con su propio esfuerzo.

El voluntariado no necesita de recursos económicos ni físicos, sino de voluntad, tiempo sin importar cuánto, deseos de encontrarse, conectarse y estar dispuesto a aprender de ese otro que en el mismo camino y simultáneamente al mutuo acompañamiento las emociones y el deseo de soñar se hace alcanzable para ambos. La principal barrera para el voluntariado es el propio ego. Procurará hacernos creer que los otros necesitan más de nosotros que nosotros de ellos. Quienes deciden participar en acciones voluntarias descubren este error en el primer contacto sincero.

En La Guajira hay muchos seres humanos valiosos. Entre ellas Rayza De La Hoz con su labor de reivindicar el valor histórico de la identidad afroguajira a través de una mirada estética y revolucionaria de aceptarse a sí mismas, aunque unos otros nieguen dicha belleza. O Iliana Curiel, pediatra que le ha enseñado al mundo el poder de transformación del encuentro entre los saberes ancentrales y el conocimiento de occidente al servicio de los infantes de la comunidad Wayú, en un escrito hermoso donde habla el tránsito de Los Hijos del Sol, de ser invisibles a ser invencibles. O de Fabrina Acosta con Evas y Adanes y su lucha hermosa por declarar una femenización negada en los cuerpos de los hombres que por creerse eso que son machos, se pierden de lágrimas y risas con la intensidad que les demuestra que están auténticamente vivos.

Si conocemos la realidad, si valoramos los encuentros, si queremos estar vivos, el voluntariado no es una acción desligada a la vida cotidiana. Cuando sales a la calle y le das las gracias mirando a los ojos a quien te atendió vendiéndote un café o un cajero haces una acción voluntaria; cuando paras tu auto, y permites que una señora pase a paso lento, aunque tengas una fila enorme atrás, realizas una acción voluntaria; cuando luego de terminar tu trabajo como profesor le dedicas tiempo a ese estudiante que te abordó para explicarle un poco más o para escucharle su situación familiar, estás haciendo una acción voluntaria. Pero algo muy poderoso tienes que saber antes de terminar de leer esto: cuando tú haces eso por ellos, algo pasa en ti y es que puedes verte en sus ojos y saber que el encuentro y la transformación que deriva es de ti. Así que es posible que cuando hayas escuchado que es importante ayudar a los otros, lo que posiblemente significa es: ayúdate ayudando a los otros. Si el otro puede recuperar su sonrisa y su capacidad de soñar, dignificas propia tu sonrisa y sabrás que tienes la fuerza suficiente para hacer realidad tus sueños e inspirar a quienes aún no lo creen. El voluntariado es, entonces, una invitación a que esta vida se haga inmortal entre quienes la compartimos.

¿Quiéres saber más sobre el voluntariado? Te comiendo este video de Bernardo Kliksberg.


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